TOLU, un hermoso lugar siempre «Listo Pa’ La Foto»

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Por : Bertha Teresa Bolaños
Fotos: Antonio Alcalá

Nunca antes Santiago de Tolú, el más bello municipio en el Golfo de Morrosquillo con muchos nombres ya mencionados en los libros de historia había posado para tantas cámaras como fotógrafos al mismo tiempo.
El encuentro de fotógrafos » Tolú listo pa la foto» duró 48 horas intensas de flashes y obturadores acelerados por calles, rincones, iglesias y hasta bares. Más de 15 artistas del retrato hicieron que Tolú se moviera al mejor estilo de una vedette francesa, sensual y siempre sonreída, los fotógrafos fueron convocados por su homólogo, el inquieto toludeño Marco Barboza Garcés quien logró sin mucho esfuerzo, mover a la autoridad local de ese pueblo para que entendieran que no había otra manera de sacar a Tolú de la crisis que azota aún al mundo sino a punta de fotos. Por las calles, desde las seis de la mañana todos se asomaban en puertas y ventanas para ver si de pronto podían salir en una fotico y no era difícil, los miles de click-click que se escuchaban por las calles anunciaban una y otra postal inmortalizando al ruidoso Tolú de los atardeceres rojos y un mar misterioso que no se cansa de regresar a sus playas.
La gente no sabía exactamente qué hacían tantos fotógrafos en el pueblo sin embargo se pegaron las sonrisas a sus rostros ya fuera para agradar a los forasteros o para alcanzar a ser retratados.
A las seis de la mañana más de veinte pescadores los esperaron a la orilla del golfo, orgullosos y arreglando con total cuidado las atarrayas les fueron mostrando la forma de tirar ese tejido que sostiene familias y aplaca el hambre, eran como todos los de Tolú, risueños, solidarios y felices. Los click-click aumentaron de velocidad y no era para menos, mientras yo me dedicaba a disfrutar de ese espectáculo todos ellos organizaban una y otra vez fotos de pescadores y atarraya que son pieza clave en el día a día toludeño… Por un momento pensé que los pescadores salen de lo más profundo del mar al amanecer y luego cuando cae la tarde se sumergen en el sueño profundo, azul y misterioso del golfo…desaparecen…
Marco Barboza y sus amigos Jean Pierre Moreno, William Caldera, Antonio Alcalá, Henry Navarro, Fabián Ricardo, Diomer Arley García, Jimena Díaz, Liliana Urrego, María Paulina Lleras, Olga Burgos, María Camila Moreno y Jorge Pantoja jugaron como niños hasta el cansancio y algunas veces me dejaron ver ese afán creativo de los artistas apasionados, se volvieron escandalosos, risueños, vulnerables, emocionales y hasta pretenciosos, Tolu les tenía que mostrar su mejor ángulo cada vez que a ellos se les antojara entre una y otra foto.
Yo me entretuve mientras tanto observando esta hermosa batalla a colores y a blanco y negro; caminé por la playa escuchando las voces de quienes cada mañana meten y sacan sillas para ganarse el día, allí revisé un poco mi vida, la pasada y la presente; añoré momentos con mucha nostalgia y me senté en una vieja banca de cemento mientras el sonido del click-click se me despegaba del alma… Al fin y al cabo irme a pensar a Tolú es un privilegio y sentarme en una banca para verle la cara al mar de frente también lo es.
Esa maratónica visita estuvo tan bien organizada que hubo tiempo para todo, los fotógrafos invitados se metieron hasta en el campanario de la iglesia y fueron a un patio para conocer de cerca al nazareno mayor. A medio día y con el sol de punta levanté la mirada para asegurarme que el día no se corrompiera con nubes grises y lluvia, fue entonces cuando pude ver a un hombre dándole tirones a las cuerdas de las campanas de la iglesia central llamando a todos a la misa del domingo, una versión menos triste que la del jorobado en la catedral de Notre Dame. Los jóvenes aprendices del Sena gastronómico de Tolú nos recibieron con la sonrisa nerviosa de quien va a pedir la mano de su novia y todo para explicar la receta encantadora de los más exquisitos platos hechos con las mismas manos con que ellos se ganaron todos los exámenes en la escuela de gastronomía, siempre fueron los mejores de sus clases por eso elaboraron verdaderos manjares, regalos del misterioso mar de Tolú.
Así fué avanzando todo, en una calma emocional que a veces se alteraba con carcajadas y buenos apuntes de cualquiera de los amigos de esta grata experiencia, Tolú estaba siendo registrada e inmortalizada tal vez, para poderle mostrar al país y al mundo que está lista no solo pa la foto sino para recibir a cuanto turista decida asomarse en vacaciones y disfrutarla así con sus ruidos y sus olores, con sus calles llenas de cuentos de miedo, apariciones y mitos centenarios que cualquiera escucha y queda pensando…
Nos despedimos en una de las históricas esquinas toludeñas, cerca al parque donde convergen todos a las 4 de la tarde, nos dimos los abrazos prohibidos por tantos meses, nos reímos por última vez durante ese recorrido fantástico y guardamos en nuestros morrales los click-click que harán de Tolú la nueva diva de la Región Caribe colombiana

 

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